Ciudad sembrada de carisma vicenciano

Despedida de los Paúles de Melilla

El día 5 de septiembre de 2021 quedará marcado para siempre en la historia de esta ciudad española en el norte de África. En la parroquia Santa María Micaela, a las 8 de la tarde, daba comienzo la Eucaristía que hacía de despedida de los últimos Padres Paúles: Ángel, Amador y Nacho, y, a su vez, Eucaristía de acción de gracias por tantos años de presencia de la Congregación de la Misión en esta tierra, por tantos misioneros que han dejado huella.

 Llenos de sentimientos de melancolía por la despedida, pero, a la vez, llenos de gratitud, pues "es de bien nacidos el ser agradecidos" y tenemos mucho que agradecer, la comunidad parroquial y muchos que asistieron para celebrar esta presencia de los Paúles durante tantos años, nos dimos cita en este encuentro rebosante de gratitud y de esperanza. Y no es exagerar que su presencia forme parte indiscutible de la historia pasada y más reciente de la ciudad, pues cuanto uno más indaga, más motivos encuentra para agradecer tanto espíritu de entrega y servicio.

Fue por julio del año 1938 cuando llegaron los primeros Padres Paúles a la ciudad de Melilla. Varios eran los motivos de esta presencia: asistir a las Hijas de la Caridad, que llegaron en 1924 y que se encontraban también en distintos puntos del norte de Marruecos; encargarse de una nueva parroquia, la de san Agustín, pues hasta entonces en la ciudad sólo había un sacerdote; y servir a dos capellanías: la de las Madres Adoratrices y la de las Esclavas de la Virgen Niña.

Encontraron un campo de trabajo duro, pero apasionante. Pues, en esa pobreza de bienes y miseria moral, encontraron fuerzas para afrontar esta apasionante tarea gracias al espíritu de San Vicente de Paúl. En la conquista de las almas y ganando el ambiente, consiguieron organizar un grupo numeroso en torno al equipo sacerdotal, naciendo así en Melilla las Conferencias de san Vicente de Paúl. Continuó la Asociación del Carmen, devoción muy arraigada entre las gentes del mar del barrio del Hipódromo de la ciudad. En esta época, se funda también la Asociación de la Medalla Milagrosa, la Adoración nocturna y la Acción Católica. Y un poco después, nace la Cofradía del Santísimo Cristo del Perdón y la Fe y nuestra Señora de los Dolores. En el año 1951, se fundó la Asociación de Damas de la Caridad, con presencia en el Hospital Militar y destacando sus tómbolas de caridad.

La nueva y gran iglesia del barrio del Real fue un sueño alcanzado gracias al celo y perseverancia del equipo misionero, y a lo largo de tantos años ha sido cuidada y mimada con esmero. Fruto de este esfuerzo parroquial es la creación de un comedor que se encargaba cada día de dar una comida caliente a niños y ancianos y que desplegaba todas sus energías en la Campaña de Navidad. Así mismo, nace una escuela nocturna de corte, confección y bordado que acoge hasta a ochenta niñas y jóvenes de clase humilde. La presencia de muchos fieles comprometidos con la caridad hasta la actualidad es también un gran reflejo de este esfuerzo misionero.

Tras la fundación de la Legión de María, se organiza Cáritas parroquial para coordinar todos estos movimientos. Y con la celebración se sus bodas de plata en Melilla, se instala un hilo telefónico entre la iglesia y Radio Melilla que permite, en directo, radiar todos los días el Santo Rosario y los domingos y festivos la misa de doce. Cabe destacar que, durante los primeros años de presencia, la iglesia es llevada en Melilla solo por los Capuchinos y los Padres Paúles.

La labor y presencia de la Congregación de la Misión fue cada vez mayor en la ciudad. Se les confió la asesoría religiosa de sindicatos, que se une a la que ya hacían en la compañía de las Minas del Rif, la de la Sección Femenina. Por otra parte, se encargan de los Ejercicios a las distintas órdenes religiosas y predicaciones en colegios y parroquias de la ciudad y del norte de Marruecos. En 1972, se hacen cargo de la parroquia de Santa María de la Asunción, conocida popularmente como “El Tesorillo”, hasta su cierre en 1989. En 1974 se les confía la Parroquia de Santa María Micaela, en la que han permanecido hasta la actualidad. En el año 2012 dejaron de atender la parroquia que vieron nacer, San Agustín. Estas parroquias siempre han estado llenas de vida, con numerosos grupos de fe, 300 niños en cada una de ellas en catequesis de infancia, jóvenes y adultos comprometidos en actividades parroquiales y provinciales, campamentos, colonias urbanas, trabajando conjuntamente con otras parroquias de la Vicaria Episcopal.

En los últimos años, la tarea evangelizadora se centraba en la presencia parroquial, en la atención a la Hijas de la Caridad y las ramas de la Familia Vicenciana, en el ámbito educativo dando clases de religión en varios institutos, en diversas capellanías (Divina Infantita, Hospital, la cárcel, colegio La Salle), en la pastoral penitenciaria, el acompañamiento a inmigrantes... Multitud de ámbitos que se han llenado del carisma vicenciano. Todas estas no son más que unas pinceladas de la gran labor desempeñada por los Paúles en nuestra ciudad, que sin duda han hecho de muchos lo que hoy somos. El carisma vicenciano, sembrado con cariño durante muchos años seguirá, sin duda, dando frutos.

Al recordar a los Paúles nos llegan a la mente rostros sencillos, sacerdotes cercanos y entregados. Cada uno con su estilo, llenándonos de la fe que llevan por dentro. Algunos han llegado a recibir el sacramento del orden Sacerdotal entre nosotros, haciéndonos partícipes de este gran don recibido. En las parroquias, siempre nos han hecho sentir responsables de la tarea evangelizadora, sintiéndonos familia y creando un ambiente de Dios. Hablando con ellos, siempre han coincidido en el sentimiento de llevarse un poco de Melilla, recordando la expresión: “A Melilla se viene llorando y se sale llorando”, pues parecía ser un destino de destierro, en contraposición con el buen recuerdo y el cariño que llevaban al dejar esta tierra.

Desde luego que es mucho lo que queda de la Congregación de la Misión en esta ciudad y aunque las circunstancias no permitan su continuidad, es ahora cuando más tenemos que hacer presente y continuar con fuerza el carisma vicenciano, sin miedos, con confianza, sintiéndonos unidos en la oración. Tiene muchos motivos la ciudad de Melilla para dar gracias a Dios por tantos años de presencia de la Congregación de la Misión.

Afrontamos una nueva etapa llena de esperanza en el futuro parroquial, sin perder de vista su origen vicenciano. Muchas gracias por esta presencia de Dios entre nosotros.

Alejandro Hernández Jiménez Joven de la parroquia Santa María Micaela

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