En la Basílica-Parroquia de la Milagrosa, de Madrid

Ordenación sacerdotal de Ricardo Rozas, C. M.

“Dios, que comenzó en ti la obra buena, él mismo la lleve a término”. Estas palabras, pronunciadas solemnemente por el Cardenal Arzobispo D. Carlos Osoro, resonaron con fuerza en la Basílica-Parroquia de la Milagrosa, de Madrid. Palabras fundamentales en la ordenación sacerdotal de Ricardo Rozas Pérez, C. M., que tuvo lugar el pasado 1 de este mes de mayo del presente año 2019.

De nuevo, el vicenciano y emblemático templo madrileño de la Milagrosa se vistió de gala, de gozo y de emoción. El año pasado lo hizo en la ordenación diaconal de Ricardo Rozas, C. M., el día 29 de septiembre. Ahora, el miércoles primero de mayo, lo ha hecho en una solemnidad mayor: la ordenación sacerdotal de dicho diácono. En definitiva, un acontecimiento mucho más que importante para la Iglesia, para la Congregación de la Misión y para la evangelización de los pobres. Especialmente, en estos tiempos de penuria vocacional.

Por eso, a las 12,00 horas del mediodía, comenzó la Eucaristía presidida por el arzobispo de Madrid, Mons. Carlos Osoro, y concelebrada por 50 sacerdotes, la mayoría Misioneros Paúles de las diversas y variadas comunidades: Madrid (tanto las pertenecientes a nuestra Provincia San Vicente de Paúl-España como a la Provincia de Zaragoza), Sevilla, La Coruña, Los Milagros, Salamanca, Valencia, Burgos, Valladolid, Ávila, Barakaldo... También, participaron en la concelebración algunos sacerdotes diocesanos, amigos del ordenando, y dos diáconos, compañeros de estudios de Ricardo Rozas.

En su homilía, D. Carlos Osoro se mostró, como acostumbra, familiar, sencillo y cercano. Resaltó la trascendencia de la ordenación sacerdotal, subrayó la identificación con Cristo por parte del nuevo sacerdote, le animó a no tener miedo y a vivir con radicalidad e ilusión el ministerio sacerdotal, le urgió a ser servicial con todos y a “tocar las llagas de Cristo en las llagas de los pobres”, y le recordó el mandato de llevar a todas partes la Buena Noticia de Jesucristo.

La celebración resultó sencilla a la par que solemne. Con una liturgia bien cuidada y unos cantos asequibles al pueblo. En el templo resaltaron, sobre todo, la familia y las amistades de Ricardo Rozas, una amplia representación de la parroquia de Nuestra Señora de Monteolivete, de Valencia, donde reside Ricardo, y un buen número de Hijas de la Caridad.

Celestino Fernández, C. M.

Nada mejor para hacernos una idea de lo celebrado, vivido y sentido en este día, que transcribir las palabras de acción de gracias que el nuevo sacerdote paúl, Ricardo Rozas, pronunció al finalizar la celebración:

Acción de gracias de Ricardo Rozas Pérez, C. M.:

Quisiera hablaros, en este momento de acción de gracias, de un sentimiento profundo que he experimentado muchas veces en la vida, que me ha acompañado en las diferentes circunstancias que he vivido. Es el sentirme acompañado y sostenido por Dios.

En esta etapa que he vivido como diácono en la parroquia de Nuestra Señora de Monteolivete, en Valencia, he sido acogido por mi comunidad de hermanos y, sobre todo, me he sentido acompañado y sostenido. Gracias al P. Reinaldo, por su compartir sincero, sus bromas que hacen reír, y eso es fundamental en la comunidad, por la presencia de tu familia y por tu disponibilidad siempre atenta. Gracias al P. Rosendo por su experiencia de vida, sus palabras, sus visitas y su apertura. También, gracias al P. Antonio por estar como hermano, por acompañarme en mi ministerio. Gracias a los tres, pues me habéis ayudado, enseñado, acompañado y sostenido en mi respuesta… También, gracias por compartir mis nervios.

También he sido acogido y sostenido de forma cuasifamiliar por las personas de esta querida parroquia de Monteolivete, y algunos, hoy, estáis aquí presentes. Desde el primer día, he sentido vuestro cariño, la oración compartida y la posibilidad de sentir vuestras casas como la mía. Tengo que avanzar en mi conocimiento del valenciano, pero poco a poco vamos adelante, aunque ya hay algunas palabras, que algunas personas se han esforzado en enseñarme, y todas esas palabras hablan de familiaridad, agradecimiento, amistad y cariño… A algunas personas os conozco más y sois un pilar importante en mi llegada, pero todos habéis contribuido a que la tensión interior que sentía, de ser diácono, pero sabiéndome llamado al presbiterado, haya madurado y se haya fortalecido en Aquél que me llama, Cristo, el Señor.

Y, en la comunidad parroquial, tenemos la suerte de contar con la presencia de una comunidad de Hijas de la Caridad, que tanto me aportan, de las que tanto aprendo y, que con su ser Hijas de la Caridad, siempre me hacen saberme parte de una familia unida que trabaja y entrega su vida por todos, en especial por los pobres.

Si hablo de las Hijas de la Caridad, tengo que hablar de mi familia, de mis padres que, ciertamente, fruto de su amor me tuvieron a mí, pero que durante la vida han ido entregándome grandes regalos, como el ser bautizado, como haber elegido colegios de las Hermanas para formarme, primero en San Diego y San Vicente y, después, en la Inmaculada-Marillac, colegios donde me formé en los valores que en mi casa se vivían: la generosidad, el amor al otro, la entrega al que lo necesita, ante la adversidad, la confianza, ante los peores momentos, la capacidad de afrontarlos con valentía y buscando a Dios en ellos, ante separaciones dolorosas, uniones fuertes que crecen y dan más... Gracias, mamá, y gracias, Santi. Y ante pérdidas dolorosas, como la de mi abuelo, unión, aceptación y confianza. Gracias a toda mi familia.

Pero es que, además, en esos colegios he conocido a esas personas que llamo amigos, de los de verdad, de los que puedes decir hermanos, de los que cuando una amiga tiene una hija, te dice que eres su tío; amigos y amigas, algunos desde los cuatro años, en los que la amistad se amplía a sus familias y a sus parejas. Y, ya que hablo de amigos, es bonito, en la vida, ver cómo se van acrecentando a través de los diferentes lugares por los que he pasado… Valdemorillo, donde me trasladé a vivir desde pequeño y servía como monaguillo, y sus gentes, de las cuales hay aquí una representación. Salamanca, durante mi formación, y algunos están aquí, que sois motivo de discernimiento profundo del significado de la entrega, la vida comunitaria, el sentido de servicio al pobre. Alguna incluso es una ayuda espiritual en mi propio actuar. También personas de Honduras, Líbano, Rota, Burgos, Valencia, Almería, Lugo, en mis pastorales de verano y Semana Santa. En todos esos lugares, tuve una experiencia de Dios, en ellos también he afianzado mi entrega a los pobres, en los que me encuentro con Cristo sufriente, y así, fui evangelizado por aquellos que son nuestros amos y señores.

Si hablo de Salamanca, hablo de mi entrada en la Congregación de la Misión, de mis compañeros seminaristas, de los que son amigos. Hablo de los formadores, también algunos presentes aquí. Gracias. Porque lo que vosotros me habéis presentado, me ha hecho enamorarme más de mi vocación y vivirla apasionadamente. Hablo también de mis pastorales con los jóvenes, en Carbajosa de la Sagrada y en Santa Marta de Tormes, ya que me mostráis el rostro joven de la Iglesia y, con vuestras búsquedas y anhelos, me ayudáis a crecer en mi propia vocación y entrega.

Y, sin duda, el saberme acompañado por la Congregación de la Misión, que se concreta en mi Provincia San Vicente de Paúl-España. Doy las gracias al P. Visitador, Jesús María González Antón, y a sus consejeros y, en ellos, a todos los cohermanos. Gracias por discernir mi vocación, gracias por seguir conmigo a través de llamadas, mensajes, encuentros y conversaciones. Sobre todo, gracias por vuestra oración.

Gracias a Don Carlos, que, como pastor de la Iglesia, me incorporaste al orden de los diáconos y, hoy, al de los presbíteros; por tu cercanía, tus palabras, tu oración. Siempre son una llamada a permanecer en la unidad, a saberme servidor en la Iglesia.

Gracias al P. Juanjo, párroco de esta Basílica, y al P. Santiago Arribas, superior de esta comunidad de García de Paredes, por vuestra disponibilidad, acogida y atenciones.

Gracias a quienes habéis preparado esta celebración con esmero, entrega y cuidado. Gracias al coro, al fotógrafo, a la comunidad parroquial. Todos la habéis hecho posible, y eso siempre lo recordaré.

¿Cómo no voy a confiar en las palabras de Jesús, el Cristo, el que vive? Él está presente en vosotros, querida familia; en vosotras, queridas Hijas de la Caridad; en vosotros, queridos amigos; en vosotros, queridos hermanos de la comunidad parroquial de Monteolivete… Él está presente en ti, en mí…

Estás presente, Señor, y hoy te doy las gracias por quedarte, por permanecer, por hacerme cada vez más de ti; gracias por tener paciencia conmigo. Ayúdame a ser fiel a tu voluntad, a entregarme en mis hermanos, a buscarte a ti y no buscarme yo.

Ordenación sacerdotal de Ricardo Rozas, C. M. Ordenación sacerdotal de Ricardo Rozas, C. M. Ordenación sacerdotal de Ricardo Rozas, C. M. Ordenación sacerdotal de Ricardo Rozas, C. M. Ordenación sacerdotal de Ricardo Rozas, C. M. Ordenación sacerdotal de Ricardo Rozas, C. M. Ordenación sacerdotal de Ricardo Rozas, C. M. Ordenación sacerdotal de Ricardo Rozas, C. M. Ordenación sacerdotal de Ricardo Rozas, C. M. Ordenación sacerdotal de Ricardo Rozas, C. M. Ordenación sacerdotal de Ricardo Rozas, C. M. Ordenación sacerdotal de Ricardo Rozas, C. M. Ordenación sacerdotal de Ricardo Rozas, C. M. Ordenación sacerdotal de Ricardo Rozas, C. M. Ordenación sacerdotal de Ricardo Rozas, C. M. Ordenación sacerdotal de Ricardo Rozas, C. M. Ordenación sacerdotal de Ricardo Rozas, C. M. Ordenación sacerdotal de Ricardo Rozas, C. M. Ordenación sacerdotal de Ricardo Rozas, C. M. Ordenación sacerdotal de Ricardo Rozas, C. M. Ordenación sacerdotal de Ricardo Rozas, C. M. Ordenación sacerdotal de Ricardo Rozas, C. M. Ordenación sacerdotal de Ricardo Rozas, C. M. Ordenación sacerdotal de Ricardo Rozas, C. M. Ordenación sacerdotal de Ricardo Rozas, C. M. Ordenación sacerdotal de Ricardo Rozas, C. M. Ordenación sacerdotal de Ricardo Rozas, C. M.

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