Con la participación de toda la Familia vicenciana

Celebración de los 400 años del carisma vicenciano en Málaga

El viernes 27 de enero de este año 2017, a las 18,30 horas, nos dimos cita en la capilla del Colegio de San Manuel, de las Hijas de la Caridad, la inmensa mayoría de los miembros de la Familia vicenciana de Málaga. Queríamos comenzar de una manera sencilla, pero a la vez profunda, el acontecimiento de los 400 años del carisma vicenciano, con la celebración de la Eucaristía. No pudo presidir dicha celebración eucarística el P. Miguel Romón Vita, C. M., debido a problemas de salud, presidiendo el P. Rafael Quevedo Romero, C. M.

Tres consecuencias evangélicas y vicenciana pudimos concretar, para la Familia vicenciana en Málaga, en el comienzo de esta conmemoración de los 400 años del carisma vicenciano. En primer lugar, la importancia de la evangelización no como una palabra escoba que barre todo y nada limpia, sino como una consecuencia de nuestro propio carisma. La evangelización es la esencia de la Iglesia y la evangelización de los pobres es la esencia de todo vicenciano. Todo nuestro ser y quehacer está impregnado de este movimiento fundamental: hemos sido llamado a evangelizar a los pobres.

En segundo lugar, el servicio a los pobres de una manera organizada. No podemos ir hoy por libre atendiendo a “mis pobres”, como antaño se decía. El servicio tiene que está coordinado con otros grupos de la Familia vicenciana y también con otros grupos eclesiales o sociales que trabajan en ese mismo campo. Una mayor organización permitirá una mayor efectividad de personas y medios para erradicar las miserias y pobrezas de nuestro tiempo. La caridad sin justicia, se convierte en un mantenimiento y sostenimiento de las pobrezas; pero la justicia sin la caridad nos introducirá en un mecanismo de acciones que nos llevará a una burocracia deshumanizada. La caridad transforma la realidad insostenible en un camino de posibilidades, porque caridad y justicia van juntas de la mano.

En tercer lugar, es central que, hoy más que nunca, los miembros de la Familia vicenciana vivamos una verdadera comunión para ser significativo en la Diócesis de Málaga. No podemos quedar relegados a lo que siempre se ha hecho, tenemos que vivir la invitación del Papa Francisco: una Iglesia “en salida”, una Iglesia que va a las “periferias”, una Iglesia que se convierte en “hospital de campaña”. Esta invitación es la que hoy la Iglesia nos hace y nuestro carisma nos impulsa a vivir.

Concluimos la celebración eucarística con el deseo de realizar un año que personal y comunitariamente nos motive a actualizar el carisma vicenciano. Quedamos en volvernos a ver para presentar el plan que desarrollaremos en Málaga para dar a conocer e impulsar la misión encomendada por el Espíritu Santo a San Vicente de Paúl.

Rafael Quevedo, C. M.

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