Cinco días de oración y reflexión

Ejercicios Espirituales en Madrid, Casa Provincial

Ayer, viernes 22 de enero de 2016, por la tarde, terminaron los Ejercicios Espirituales Interprovinciales en la Casa Provincial de la Provincia de Madrid, en la calle García de Paredes, 45. Ejercicios Espirituales que comenzaron el lunes día 18 por la mañana. Han participado en ellos cerca de sesenta Misioneros Paúles de las cuatro Provincias de España.

La mayoría de los ejercitantes han sido de la misma Comunidad de la Casa Provincial (treinta y dos), a los que hay que añadir diez de otras Comunidades de la Provincia de Madrid, cinco de la Provincia de Barcelona, seis de la Provincia de Zaragoza y seis de la Provincia de Salamanca.

Los Ejercicios Espirituales los ha dirigido el P. Juan Julián Díaz Catalán, C. M., de la Provincia de Zaragoza, que actualmente reside en la Comunidad de Cuenca. En sus reflexiones sencillas y muy familiares, ha tenido como telón de fondo la Exhortación Apostólica “Evangelii Gaudium” del Papa Francisco.

Partiendo de la primera frase de la Exhortación -“La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús”- el P. Juan Julián Díaz Catalán ha ido desplegando un abanico de temas relacionados todos ellos con la dulce alegría de evangelizar: la fe como puerta y confianza, la ayuda al clero en el ministerio de la Palabra, de los Sacramentos y del gobierno pastoral, la comunidad vicenciana en general, los miembros concretos de nuestras comunidades, el camino de la misericordia y de la vuelta a la casa del Padre, la actividad apostólica, la oración, la Virgen María…

La liturgia ha sido seria y sobria, sin adornos superfluos. Las cuatro Provincias han colaborado en su preparación. La Eucaristía de la clausura de los Ejercicios, celebrada como todos los días en la Basílica-Parroquia de la Milagrosa, ha sido presidida por el Visitador de la Provincia de Madrid, P. Joaquín González, C. M. En su homilía, hizo mucho hincapié en que “tenemos que ser misioneros de la misericordia”.

En definitiva, han sido cinco días de reencuentro y de convivencia fraterna, donde todos los ejercitantes se han sentido como en su propia casa. Pero, sobre todo, han sido días de reflexión, de oración y de revitalización de la vocación y de la misión. Respecto a los frutos de los Ejercicios, siempre hay que atenerse a lo que escribe San Pablo a los cristianos de la comunidad de Corinto: “Yo planté, Apolo regó, pero fue Dios quien hizo crecer” (1 Cor 3, 6).

Celestino Fernández, C. M.

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