Reportaje de “El Día de Valladolid”

El Centro de Higiene de la Obra Social María Milagrosa de Valladolid atiende a 15 usuarios diarios

Centro Higiene María Milagrosa

El nuevo centro de aseo de Cáritas y la Congregación de los Padres Paúles para las personas sin hogar y con escasos recursos económicos, abrió el pasado 20 de abril en el barrio de Las Delicias de Valladolid, y ya atiende a unos 15 usuarios diarios que hacen uso, sin coste alguno, de los cuatro baños completos y del servicio de peluquería, podología y lavandería, además de un pequeño ropero. De momento, las nuevas instalaciones, situadas en la calle Huelva, junto al comedor social de La Milagrosa, prestan servicio tres veces por semana, aunque la apertura dependerá de la demanda y las necesidades de los colectivos. La idea, por ejemplo, es abrir los sábados el centro a las familias para que padres e hijos puedan asearse sin mezclarse con otros colectivos.

El centro de Las Delicias, que ha impulsado la Familia Vicenciana, con sus diferentes ramas, junto a Cáritas Diocesana Valladolid, complementa el servicio de aseo que se presta en las instalaciones de la asociación en José María Lacort. La puesta en marcha del nuevo centro permite derivar usuarios del centro de Cáritas que, en la actualidad, con solo dos duchas está colapsado con personas 'sin techo' y de colectivos en riesgo de exclusión social.

De esta manera, la antigua guardería del Colegio de las Hijas de la Caridad acoge en la planta baja el comedor social que abre los domingos y los días festivos a las personas 'sin techos' o escasos recursos económicos mientras que el primer piso acoge el centro de aseo, donde están las duchas, y una sala de estar anexa. Las instalaciones están abiertas los lunes, miércoles y viernes de 9,30 a 12 horas, lo que permite que los usuarios acudan al centro una vez haya tomado el desayuno de Cáritas en José María Lacort y puedan acudir después al comedor municipal.

El párroco de Dulce Nombre de María, Luis Miguel Rojo, asegura que las prioridades para toda persona son la alimentación, la higiene y la vivienda. “El no ir arreglado o aseado o con la ropa sucia es un signo de exclusión porque la gente te pone una etiqueta”, precisa. Además, expresa que la idea de este tipo de recursos es crear un hábito entre los 'sin techos' para que acudan de forma periódica. “A más de uno hay que animarle para que aproveche la ducha para cortarse el pelo o afeitarse pero está claro que la actitud de la persona cambia al entrar y salir del centro”, asevera.

Y es que las puertas del centro no solo están abiertas a las personas que viven en la calle sino también para los que tienen escasos recursos o que comparten pisos y habitaciones en condiciones precarias. “Sabemos que hay familias que acuden a los polideportivos municipales para ducharse”, precisa el padre paúl. Además, acuden usuarios con problemas puntuales como la avería de un calentador o una caldera o el corte de suministro por tener pendiente una factura.

En esa situación está, por ejemplo, Miguel Ángel de Casas que ha acudido varias veces al nuevo centro de aseo de Cáritas porque lleva unas semanas con la caldera y la lavadora estropeadas. “Da gusto venir porque todo está muy limpio y hay más intimidad”, explica. Este hombre de 44 años destaca el “buen trato” de las voluntarias mientras la enfermera sor Eloísa cuida sus pies que lucen numerosos callos y durezas. “Ando mucho y tengo mal los pies”, dice.
Pero también José Ignacio Marcos que es un asiduo al comedor social de La Milagrosa. Comparte un piso en el centro de la capital gracias a la renta garantizada de ciudadanía y viene a las instalaciones de Cáritas “para no engordar la factura de luz y gas”. Su historia es la de cientos de personas que se toparon de bruces con la crisis. “Avalé a un amigo para comprar un coche, perdí uno de los dos trabajos que tenía, tuve tres juicios por impagos y, al final, me quitaron el piso”, explica. Se vio obligado a volver a casa de sus padres pero sus hermanos no le acogieron bien, lo que le llevó a un intento de suicidio. A sus 43 años, José Ignacio anhela un trabajo que no sea temporal ni de verano para salir adelante.

El personal voluntario que atiende a los usuarios del centro -además de encargarse de la limpieza de las instalaciones y los servicios de lavandería, barbería a cargo de Juan Carlos Marín y podología- se reparte entre los vecinos del barrio y de la parroquia del Dulce Nombre de María y las hermanas de la Compañía de las Hijas de la Caridad. Una de ellas es Guadalupe que la encontramos en la lavandería, quien considera “fundamental” ir aseado y “hoy he conseguido que tres hombres hayan pasado por la peluquería”. Apunta que casi todas las personas que pasan por el centro dejan su ropa para lavar. Pese a que el centro es nuevo y está bien equipado, reconoce que es “importante que respeten las instalaciones y dejen los baños limpios, tal y como los encontraron”. Algo que corroboran otras dos voluntarias, Aurora y Conchi, mientras pasan la fregona.

El padre Rojo recuerda que la idea de montar un centro específico de aseo en Las Delicias viene de atrás, incluso antes de la crisis económica, al ser una “necesidad importante” en Valladolid. Incluso, menciona el anuncio del papa Francisco al poco de llegar al Vaticano cuando decidió instalar tres duchas para que las personas que habitualmente viven y duermen en los alrededores de la basílica de San Pedro pudieran lavarse, cortarse el pelo y la barba o cambiarse.

Un servicio que será aún más necesario en invierno porque “una ducha caliente tras dormir en la calle y pasar frío” pero también para tomar un café caliente o charlar un rato en la sala. Y es que, al igual que ocurre con el comedor de La Milagrosa, los voluntarios aprovechan estos lugares para establecer un contacto personal, conocer sus necesidades y derivar los usuarios a los programas de Cáritas de cara a encontrar una salida a su situación. La madre Eloísa recuerda el agradecimiento de algunos usuarios “por detectar que no solo necesitamos aseo sino también conversación y escucha”.

Es el caso de Samuel, un madrileño que lleva dos años viviendo en la calle. A sus 27 años, no quiere dar muchos detalles de su historia porque al ser preguntado de cómo llegó a ser un 'sin techo' contesta que “son las circunstancias de la vida”. Viene de tomar el café de Cáritas y tras una ducha y afeitarse asegura estar mejor. El padre Rojo reflexiona que es “muy duro estar en la calle a estas edades con personas dispuestas a trabajar”. De ahí que apueste por la formación para mejorar las habilidades y facilitar la búsqueda de un empleo para estos colectivos.

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“El Día de Valladolid”, 28 de junio de 2015

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Por Fechas

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