Por la concesión del premio “Pedra Alta”, del Museo da Limia (Ourense)

Entrevista al Hno. Eligio Rivas, C. M. en el periódico “La Región”, de Ourense

El pasado día 10 del presente mes de octubre de 2017, el periódico “La Región”, de Ourense, hizo una extensa entrevista al Hno. Eligio Rivas, C. M. con ocasión de la concesión del premio “Pedra Alta” que le ha otorgado el Museo da Limia (Ourense). Este premio se une a otros muchos que, a lo largo de su vida, le han concedido.

El Hno. Eligio Rivas, C. M. reside, desde hace unos años, en la Comunidad de la Parroquia La Milagrosa, de la ciudad de Ourense. Tiene 92 años y ha publicado varios libros de investigación filológica y etnográfica y algunos sobre temas de la Congregación de la Misión. Es uno de los eruditos más respetados de la cultura gallega.

Transcribimos íntegramente esta entrevista, que firma la periodista de “La Región”, Paula Palomanes, por su interés periodístico e informativo, y, sobre todo, como un sincero homenaje a la ejemplar trayectoria del Hno. Eligio Rivas, C. M. Esta es la entrevista:

“La de Elixio Rivas es una de esas vidas nutridas, completas, llenas de vivencias y de recuerdos que darían para llenar cientos de libros de historia.  No hacen falta más de cinco minutos de entrevista para comprobar que, a sus 92 años, Elixio sigue siendo un apasionado de la etnografía, la toponimia y la arqueología gallegas.

Hijo de labradores, Elixio, cambió los aperos del campo por libros y viajes alrededor del mundo y, enamorado de La Limia, a su regreso se dedicó a indagar sobre la riqueza arqueológica de su tierra. Su labor infatigable en todos los ámbitos destacados anteriormente, hicieron que el patronazgo del Museo de La Limia acordara concederle el Primer Premio “Pedra Alta”.

-- ¿Con qué edad comenzó a estudiar?

-- Comencé a estudiar en Los Milagros (Ourense) a los 11 años. Fue, precisamente, un 11 de setiembre de 1936, en plena guerra civil. Alrededor, por aquel entonces, no había otro lugar para formarse. Después estuve en Cantabria, en el Colegio San Vicente de Paúl, de Limpias, y completé mi formación entre Murguía (Álava) y Madrid. Sin embargo, a los 17 años, la falta de comida ocasionada por las guerras europeas, hizo que me pusiese enfermo y tuve que regresar a La Limia. Fue muy duro.

-- ¿Sus padres tuvieron los medios económicos necesarios para que usted pudiese estudiar?

-- No. No tenían medios. Mi padre, que murió cuando yo tenía 14 años, se arregló para que pudiese estudiar en Los Milagros, pero no fue fácil.

-- ¿Usted siempre tuvo claro que no quería trabajar en el campo y que quería estudiar?

-- Era algo que yo quería, pero también mi padre. Que yo estudiara y que no viviese de la tierra porque él padeció mucho por esa forma de vida.

-- Cuando se recuperó de su enfermedad… ¿Qué camino tomó?

-- Solicité ir a la India. Quería participar de las Misiones que la Congregación de los Paúles, de la que formo parte, tenía allí. Pero no estaba recuperado al cien por cien para poder hacerlo, por lo cual marché a Inglaterra a aprender el idioma. Permanecí allí nueve años y después me trasladaron a Cuba. Tenía 31 años.

-- ¿Qué hizo allí?

-- Me mandaron para algo en concreto, pero son unas razones que no vienen al caso. Teníamos y, aún tenemos, casa en La Habana. Fui en el año 1955 y tuve que salir en junio del 1961.

-- ¿Por qué?

-- Eso habría que preguntárselo, en su momento, a Fidel Castro.

-- ¿Y qué tal esa época en La Habana, qué recuerdos tiene?

-- Bastante buenos. Recuerdo que venían muchos turistas de Brasil, Estados Unidos y Canadá. Nuestra Iglesia en la Habana tenía unas pinturas muy bonitas y ese es uno de los motivos por los que venían tantos visitantes, para conocerlas. Durante el último año de mi experiencia en dicho lugar, todo cambió. En aquellas fechas no podíamos salir ni de casa. Fue cuando regresé a España, después del triunfo de la Revolución cubana.

-- ¿Cuándo regresó a España, cuál fue su destino?

-- Marín, en Pontevedra. Allí ejercí como maestro durante 21 años. Aquel fue un punto de inflexión en mi vida personal y profesional, ya que me matriculé, por primera vez, en la Universidad de Santiago de Compostela. Tenía 45 años.

-- Usted es de los que creen que nunca es tarde para formarse.

-- Siempre estamos a tiempo. Yo estaba bien preparado pero no contaba con esa formalidad de los títulos. Me decidí por Filología Románica.

-- ¿Por qué escogió esa formación?

-- Era mi afición, sobre todo en el campo de la toponimia. De hecho, mi tesis doctoral, trató sobre la toponimia de María. Al mismo tiempo escribí el libro “A Limia”. Esta obra recibió el II Premio Otero Pedrayo del año 1980. Tiene 775 páginas que recogen la historia y la antropología desde Xinzo hasta Xunqueira de Espadañedo y desde la Sierra de San Mamede hasta la de Sann Martiño de Pazó. Hice todo esa investigación andando y hablando con los paisanos.

-- ¿Cuáles fueron las cosas más llamativas de la zona sobre las que estudió en aquella época?

-- Tengo estudios sobre “palafitos” que hubo en la “Lagoa de Antela”, sobre las “mamoas”, repartidas por toda la comarca, los “castros” y las “medorras” donde antiguamente vivía la gente.  La “Civitas Limicorum”, una administración antigua que existó en “Nocelo da Pena” y a la que pertenecía todo el contorno. Fue, precisamente, la que se trasladó a Xinzo en la segunda parte del siglo II y principios del III. Cuando se hizo el primer canal.

-- ¿Qué particularidades tiene A Limia?

-- Necesita un libro entero. A Limia tiene muchísima riqueza arqueológica anterior y posterior a la época romana. Hablo de los castillos, del Monasterio de Trandeiras o de la Antela. En la actualidad, se está descubriendo mucho más y, de esto, hablaré cuando tenga lugar el acto de entrega del premio en el Museo de La Limia.

-- ¿Cree que esta riqueza está valorizada como le corresponde?

-- No. No se valora como corresponde. Las administraciones actuales se deberían involucrar mucho más. Por ejemplo, con el Monasterio de Trandeiras. En algún tiempo fue mercado y no se deshizo, por suerte, gracias al gobierno que existía. Pienso que se debería cuidar con mucho mayor celo nuestro patrimonio.

-- Usted tiene muchos más estudios de fuera de La Limia.

-- Sí. Publiqué el Léxico Rural de Galicia que se compone de 25 libros y se estudia la etnografía y la vida diaria de la Comunidad, incluida la Limia. Las costumbres, el habla, las prácticas, los hiladores, el carnaval, las tareas del campo, los molinos y los hornos de cocer el pan… están recogidos en este trabajo.

-- ¿Cómo valora este premio que le otorga el Museo da Limia?

-- Estoy muy agradecido porque, al fin y al cabo, aprecian el trabajo que realicé. En otros ámbitos ni valoran ni parece que les importe. Desde el patronazgo del museo quisieron tener un gesto de agradecimiento y, personalmente, estoy muy satisfecho.

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