Un verano enriquecedor humana, espiritual y vicencianamente

Experiencia pastoral en San Pedro Sula (Honduras)

Terminado el curso académico en el pasado mes junio, mis formadores decidieron enviarme a realizar la Pastoral de verano a la Parroquia San Vicente de Paúl, de San Pedro Sula (Honduras). He permanecido durante dos meses en la Comunidad que la Congregación de la Misión tiene allí, formada por tres Padres en activo: el Superior P. José Vicente Nacher, el P. Edwin y el P. Roberto; y un cuarto, el P. Vicente Pastor, que ya es mayor y está enfermo. Aunque es una casa de paso y siempre hay algún misionero más, lo que viene bien para desahogar a los Padres con la celebración de alguna Misa, entierro o bautizo. Esta vivencia en Comunidad ha sido algo muy bueno para mi formación, pues he comprobado cómo es la vida real de un misionero, en una Comunidad en terreno de Misión.

Mi tarea ha sido muy diversa, pero sobre todo he acompañado a los jóvenes que formaban el equipo de animación de la Campaña Infantil, que este año trataba el valor de la “tolerancia”, con su símbolo, la tortuga “THORA”. Respecto a la Campaña también ayudaba a desarrollar, junto con una catequista, los temas a los profesores de las escuelas donde llevábamos la Campaña, algo fundamental para que los profesores se impliquen y expliquen los temas a los niños.

Cuando no había Campaña Infantil, repartía el tiempo entre los programas sociales, Puerta Abierta (para enfermos de VIH-Sida) y Amigos Para Siempre (menores en riesgo de exclusión); en este último, jugando con los niños y también acompañando a los monitores, visitando las casas y entornos donde residen las personas que integran la Comunidad de ambos proyectos. Todo esto me ocupó el tiempo de las mañanas en los días de diario.

Por las tardes, los días de diario, el P. José Vicente coordinó para que me subiera a una de las Colonias, con la tarea de visitar la comunidad, familias, enfermos, personas mayores que ya no pueden ir a la Iglesia por las condiciones adversas del terreno.

Por la noche, les hablaba de la Exhortación apostólica “Amoris laetitia”, ya que el mes de agosto se dedicó a la familia. Aunque, a decir verdad, como mejor aprendía de su realidad y realidades fue con mi presencia en las reuniones semanales de las Comunidades de base, a la luz de la Palabra, guiados por documentos trabajados desde la Diócesis. Mi tarea fundamental consistía en conocer cómo era la realidad que viven los jóvenes y cómo viven su fe, algo que ha sido muy gratificante para mí. Para culminar mi visita en las distintas Colonias con un encuentro y una oración-vigilia, realizada por los jóvenes, pero abierta a toda la Comunidad.

Durante el fin de semana acompañaba a algún Padre a alguna aldea o colonia, a la celebración de la Eucaristía, visitaba alguna obra social de OSOVI, o el Hogar san José de las Hijas de la Caridad y el Buen Samaritano. Las tardes las dedicaba a acompañar y aprender en los diferentes niveles de catequesis de la parroquia, y con los distintos grupos y movimientos que se reúnen en los varios salones parroquiales.

Todo ello ha sido, una vez más, un punto de reflexión para mi aprendizaje, en este proceso de formación en la vocación a la que me siento llamado como Misionero Paúl. El ejemplo de los Padres que componen la Comunidad ha hecho que compruebe cómo se puede trabajar con libertad y en equipo, a pesar de ser un número corto de miembros para una Parroquia tan grande, con tantas vertientes abiertas: coordinar a delegados de la Palabra, ministros de la Eucaristía, equipos de liturgia, catequistas, Pastoral social y de la salud, distintos grupos juveniles y movimientos, que aquí son demasiados, ocupan la vida del Misionero, junto con su realización del ministerio sacerdotal.

Por otro lado, la experiencia en la montaña me ha llevado a comprender lo importante que es el acompañamiento tanto espiritual como personal, el escuchar a las personas que necesitan un poco de aire fresco, el estar cerca de ellos, simplemente llevándoles lo que aprecian tanto, la Palabra de Dios. Orar juntos en sus casas, vivir su piedad popular, han sido unos instantes llenos de alegría y satisfacción, pero sobre todo de encuentro con el Señor y de evangelización mutua.

Las personas con las que he tenido el privilegio de convivir me han hecho saber la importancia que tiene para ellos la figura del “seminarista, futuro Padre de la Iglesia Católica”, y yo he intentado no desilusionarles, he procurado, por todos los medios, llevarla con la mayor dignidad, con alegría y entrega, sintiendo desde mi interioridad a ese Cristo de Misión y Caridad, para llevarlo a todos los que me he encontrado, que es lo que esperan de ti.

También ha sido enriquecedor compartir temas, jornadas vocacionales y vivir el carisma de San Vicente de Paúl, con mis compañeros seminaristas de la Congregación de la Misión de distintos países; algo que me ilusiona hacia una visión de Misión compartida, no sólo por los Misioneros Paúles, sino de toda la Familia Vicenciana.

Sólo me queda, por tanto, dar gracias al Señor por esta oportunidad de servirle a través de esta experiencia Pastoral, y a mis cohermanos por la confianza que han depositado en mí.

Juan Cruz Vela

Seminarista paúl

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Por Fechas

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