Tiempo fuerte, del 5 al 15 de julio de 2018

Misión parroquial en Llaurí, Fortaleny y Favara (Valencia)

La inquietud por la evangelización y por vivir el espíritu misionero de las parroquias es cada vez más intensa. Se sabe, por sabiduría, que si la misión de la parroquia es viva, el bien para un pueblo es mucho mayor.

El párroco de estos tres pueblos Juan Enrique Pascual i Tomàs en su celo pastoral tenía siempre esta pregunta: “¿Qué poder realizar para dar la Buena Noticia? No nos podemos quedar con los brazos cruzados, ciertamente hemos de volver a los orígenes cristianos”. En este discernimiento no se encontraba sólo, también feligreses que aman a su pueblo y a la parroquia respectiva tenían sus preguntas y deseos al respecto.

Este proceso misionero de Llaurí, Fortaleny y Favara (Valencia) estuvo apoyado, en primer lugar, por el equipo misionero de Padres Paúles compuesto por los Padres José Luis Catillo, Javier Serra y Manuel Botet. En segundo lugar, por el Secretariado Internacional de JMV compuesto por Linette Morales, Claire Balo, Yvette Ramanjakatiana, André Peixoto, asesorados por el P. Irving Amaro, C. M. y por Sor Bernardita García. Además, participaron también dos estudiantes-seminaristas: Juan Enrique Hernánsanz y Juan Cruz Vela. Y, en el tiempo fuerte de misión, estuvo Sor Antonia Leal, Hija de la Caridad de la Provincia Madrid-San Vicente.

Lo importante de esta Misión es el papel clave que tomaron los equipos de evangelización, constituidos en cada parroquia. Podemos decir que estas tres parroquias estaban en un momento de urgencia total de llamada misionera, es decir, un momento donde son pocos los discípulos misioneros entusiasmados, con el gozo del Evangelio interiorizado. Entonces se trataba de invitar al pueblo a vivir la experiencia de Jesucristo como si fuera la primera vez. Por eso, los equipos de evangelización parroquiales asumieron la misión con mucha intensidad y responsabilidad, no exentos de dificultades y retos ante una comunidad que no quiere darse una nueva oportunidad para reavivar su parroquia desde un reencuentro fraternal entre los vecinos del pueblo y entre todas las generaciones, de pequeños a mayores.

Consideramos que estos equipos de evangelización, formados por feligreses de la misma parroquia, son el mayor fruto de estas Misiones parroquiales, más que el número de personas que participan.

Durante todo el proceso misionero se trabaja por consolidar este equipo de evangelización parroquial, partiendo de feligreses entusiasmados por compartir la vida de Jesucristo. Partiendo de la ilusión por servir a los demás ofreciendo la fe con naturalidad y en la vida cotidiana del pueblo. Siempre con dificultades, porque despertarse a la conciencia de ser discípulos misioneros enviados conlleva muchas preguntas e incertidumbres sobre la capacidad de cada uno.

También, porque al comprometerse a animar la Misión que lleva a cabo la parroquia en el pueblo, se necesita un crecimiento de libertad interior nada fácil, para guiar y acompañar la marcha de una comunidad cristiana en salida, dejando a un lado prejuicios y comentarios adversos. Pero como la misión la lleva el Espíritu Santo, después de la experiencia del tiempo fuerte, los que forman este equipo viven como cuando los discípulos enviados regresan a Jesús contando alegres los prodigios que pudieron realizar en su nombre (cf. Lc 10, 17.23).

La respuesta en los tres pueblos fue diferente, de acuerdo a su realidad y momento, pero los tres equipos de evangelización descubrieron la importancia de ofrecer continuamente el anuncio de la fe como gesto de amor y de caridad.

Hubo una iniciativa en las fases de la premisión que hizo que el Señor estuviera presente en la espiritualidad de la comunidad desde el principio. Fue la alabanza al Señor. Las comunidades parroquiales tuvieron momentos de adoración al Santísimo organizados por “Emaus”. La oración misionera y por la Misión marca el fundamento: es Cristo que nos lleva a nueva vida y a la vitalidad de nuestras parroquias en el servicio a los demás.

Y gracias al Secretariado Internacional de Juventudes Marianas Vicencianas, se pudo convocar a los jóvenes a encuentros vivenciales sobre la Semana Santa. Llegado el tiempo fuerte de Misión, esto permitió que los adolescentes y algunos jóvenes se animaran a reflexionar sobre su fe. También con los jóvenes de Favara se realizó una caminata a la Cova de la Galera, en plena montaña, como celebración de la novedad que ha supuesto para ellos la Misión. El párroco don Juan Enrique tiene como horizonte ofrecer una pastoral juvenil conjunta de los tres pueblos.

Siendo los procesos largos, sí que la Misión parroquial ha podido ayudar a facilitar el encuentro con los jóvenes desde la perspectiva de su fe y a hacerles ver que sus parroquias también son una casa para ellos, no sólo para las catequesis de confirmación.

Equipo Misionero Vicenciano de Evangelización (EMVE)

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Por Fechas

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