“No hay que olvidarlo, hay que vivirlo y actualizarlo”

Reflexión y testimonio sobre el Simposio Mundial de la Familia Vicenciana

Escuchaba, a la vuelta del Simposio Mundial de la Familia Vicenciana, una frase que se corresponde con un problema actual: “olvidamos demasiado pronto”. Después de lo vivido durante cuatro días, en Roma, participando en este Simposio con ocasión del 400 aniversario de nuestro carisma, NO podemos olvidar, no puedo olvidar y no debo olvidar que nos hemos encontrado, que nos hemos reunido, pero, sobre todo, que hemos celebrado juntos la vida y actualidad de nuestro carisma y, hemos vivido “en familia, como familia”.

Podría hablar de muchas cosas, como de lo maravillosa que es la ciudad de Roma, también del grupo español o de la organización del evento, sin duda de lo bueno y de lo menos bueno… Pero he elegido hablar-reflexionar en alto sobre lo que para mí fue lo mejor, lo que más me ha tocado el corazón, porque, de entre todo, siempre elijo (eso pretendo) lo mejor; lo menos bueno, expresarlo donde corresponde y con quien corresponde y, siempre para mejorar.

Me quedo con el “color amarillo” de las pañoletas, que me encontraba por las calles de Roma y que lo llevaban las personas con mucha alegría, intercambiando saludos y sonrisas. Diferentes naciones, culturas, ritos, diferentes en mucho, pero unidos en lo esencial: el carisma vicenciano.

A muchos de los que llevaban esas pañoletas, los conocía de las pastorales de verano o Semana Santa (España, Líbano, Honduras), de mi etapa de Seminario Interno en Italia, de mi época de pertenencia a JMV antes de entrar al Seminario. A otras, a las Hijas de la Caridad, de mi etapa escolar y su acompañamiento posterior. A otros, cohermanos de la Congregación de la Misión, por ser formadores, acompañantes… Alegría inmensa por el reencuentro con personas que Dios ha ido poniendo en mi vida, que Dios me ha regalado en cada momento, en cada etapa, y que muchas permanecen como amigos y compañeros de camino.

Me quedo con el encuentro del Superior General, P. Tomaz Mavric, C. M., con los “consagrados”, donde escuché testimonios que me hacen pensar, valorar, reflexionar… Me interrogan y me hacen decir un “sí” más profundo. Conmovedor fue escuchar el testimonio vocacional del Superior General, especialmente por la importancia que para su vocación tuvo un familiar suyo, es decir la importancia de las mediaciones y de la invitación y acompañamiento en la vocación.

Me quedo con el encuentro del Superior General con los “jóvenes”. Fue un momento festivo, alegre, donde su produjo una imagen impactante, de esas que te invitan a imitar, a hacer lo mismo, cuando ante la imagen de San Vicente de Paúl, iluminada por velas llevadas por jóvenes, el P. Tomaz Mavric se arrodilló y rezó en silencio, para levantarse después y hacernos una pregunta muy clara: ¿Estás dispuesto a mancharte las manos en el servicio a los pobres? Una imagen, una palabra que se convierte en una invitación personal, que exige una respuesta personal. Sí, quiero, estoy dispuesto a mancharme las manos en el servicio a los pobres, pero ayúdame Señor, siempre contigo y en ti.

Me quedo con el encuentro en la Plaza de San Pedro, entre nosotros y con el Papa Francisco. En encuentros así, se respira nerviosismo, momentos tensos, pero también una emoción especial. Tres verbos: “adorar”, “acoger” y “caminar”, que son tres invitaciones claras, hechas por el Papa.

Me quedo con la vuelta a casa, porque me permite vivir los cuatro días en la realidad cotidiana. El volver a mi vida, a nuestra vida, en nuestras circunstancias..., no puede suponer un “olvidar demasiado pronto”, sino vivirlo y actualizarlo. ¡Gracias, Familia Vicenciana!

Ricardo Rozas, C. M.

Estudiante de Teología

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Por Fechas

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