Las Constituciones actuales de la Congregación de la Misión -que datan de 1984- hablan muy claramente del “espíritu propio” de tal Congregación. Los artículos 4 al 8 son una descripción esquemática de ese “espíritu propio”. Así pues, el esquema podría ser el siguiente: “El espíritu de la Congregación de la Misión, fundada por San Vicente de Paúl, es el espíritu de Cristo enviado a predicar la Buena Noticia a los pobres, con un amor y reverencia hacia el Padre y un amor compasivo y efectivo hacia el pobre, y una gran docilidad a la Providencia, teniendo muy presentes las virtudes de sencillez, humildad, mansedumbre, mortificación y celo por las almas; y sabiendo que Jesucristo es la Regla de la Misión y el centro de su vida y actividad”.

La espiritualidad de la Congregación de la Misión hunde sus raíces, sobre todo y ante todo, en la manera de descubrir a Cristo que el Espíritu Santo inspiró a Vicente de Paúl. El origen de las distintas corrientes de espiritualidad surgidas en la Iglesia se debe a los diversos modos de descubrir y seguir a Cristo que han tenido algunos cristianos. En esos modos diversos de descubrir y seguir a Cristo también influyó la manera peculiar de leer los signos de su tiempo que tuvieron esos cristianos a la hora de interpretarlos como indicadores de lo que Dios les estaba pidiendo. El descubrimiento de la ignorancia religiosa y de la pobreza del pueblo campesino fue un hecho que Vicente de Paúl leyó como la llamada que Dios le dirigía a continuar la misión de Cristo evangelizador de los pobres.

La corriente que atraviesa toda la espiritualidad de la Congregación de la Misión es el misterio del Hijo de Dios enviado y encarnado para ser “el misionero del Padre”, según una expresión del mismo Vicente de Paúl. En una conferencia a los misioneros, Vicente de Paúl subraya un principio fundamental de la espiritualidad de la Congregación: “Jesucristo evangelizador de los pobres es la Regla de la Misión”. Y lo explicita: “El Hijo de Dios vino a evangelizar a los pobres; y nosotros ¿no hemos sido enviados a lo mismo? Sí, los misioneros hemos sido enviados a evangelizar a los pobres ¡qué dicha hacer lo mismo que hizo nuestro Señor!”. Podemos decir que seguir y comprometerse con ese Cristo encarnado, pobre y evangelizador-servidor de los pobres, constituye el corazón de la espiritualidad de la Congragación de la Misión.

La espiritualidad que Vicente de Paúl ha legado a la Congregación de la Misión es una espiritualidad de encarnación, es decir, la centralidad de esta espiritualidad la ocupa el Verbo encarnado. Es también una espiritualidad misionera, en el sentido más genuino del término “misionero”, es decir, una espiritualidad para la misión, para la evangelización de los pobres. Y es una espiritualidad liberadora de todo lo que oprime a los pobres “que se multiplican todos los días, que no saben qué hacer ni adónde ir”. Y, por supuesto, es una espiritualidad compasiva y misericordiosa.

Dentro de la espiritualidad vicenciana y, lógicamente, de la Congregación de la Misión, ocupan un lugar relevante cinco virtudes que, en palabras de San Vicente en las Reglas Comunes, “son como las potencias del alma de la Congregación entera y deben animar las acciones de todos nosotros” (Reglas Comunes ll, 14). Estas virtudes son, como se ha dicho al principio: la sencillez, la humildad, la mansedumbre, la mortificación y el celo por las almas. En la espiritualidad de la Congregación de la Misión, son virtudes apostólicas y misioneras más que ascéticas y de perfección individual. Es decir, están orientadas al mejor cumplimiento del fin de la Congregación. San Vicente pone a Cristo como modelo de cada una de ellas, pero a Cristo en tanto que Evangelizador de los pobres. Estas cinco virtudes de Cristo evangelizador son las que necesita la Congregación si quiere continuar su misma misión. Para ello tiene que “revestirse del espíritu de Cristo” y “usar las mismas armas que Él usó”. Además de esta orientación misionera, las cinco virtudes son necesarias para la vida fraterna de una comunidad apostólica. Ésta es otra finalidad en la que insiste San Vicente de Paúl.

Hay tres elementos que configuran la identidad de la Congregación de la Misión: “espíritu, fin y obras”. Estos tres elementos vertebran y visibilizan la espiritualidad de la Congregación, pero tienen que ir juntos y ser complementarios.